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Styx: Shards of Darkness

Styx: Shards of Darkness es uno de esos juegos que ha hecho del sigilo su bandera y mecánica principal. En el primer título del estudio Cyanide, Styx Master of Shadows, ya asentaron sus bases: extensos escenarios con numerosas posibilidades y caminos por donde infiltrarnos, diferentes elementos a nuestra disposición para llevar a cabo nuestra estrategia y toques de RPG y plataformas.

Con el salto al motor Unreal Engine 4, el estudio ha prometido una mejora gráfica y escenarios más grandes, además de una mayor profundidad en la historia que gira entorno al protagonista: un goblin despiadado y parlante -muy parlante- que acecha en las sombras para conseguir sus propios intereses en medio de grandes conflictos entre las razas arquetípicas del género fantástico. Gracias a este punto de vista poco habitual han creado un tono único para este tipo de ambientación.

Los diseñadores han tenido muy en cuenta la construcción del protagonista, dotándolo de carisma y ese humor ácido que le dio fama en la precuela. La aventura está impregnada de chascarrillos del goblin, en diálogos in game así como en los integrados en las animaciones. De hecho, no calla ni debajo del agua, y nos toma el pelo con diferentes animaciones cómicas cada vez que morimos. A la larga, estos gags puede que resulten algo repetitivos y no aportan demasiado a la historia.

La aventura está impregnada de chascarrillos del goblin, en diálogos in game así como en los integrados en las animaciones.

Es cierto que el guión está más cuidado que en la primera entrega, tiene varios giros y cinemáticas entre misión y misión, pero la trama sigue quedando en segundo plano y las animaciones resultan un poco forzadas.

Pero hablemos del punto fuerte del goblin, sus artes en el sigilo y asesinatos a sangre fría. Partimos con un Styx más habilidoso que en el pasado, mantiene el aprendizaje adquirido en su primera aventura sin necesidad de partir desde 0 otra vez. Para llevar a cabo los objetivos debemos mantenernos en las sombras, aprovechar las áreas oscuras del escenario y apagar las antorchas que más nos convengan para abrirnos paso.

Styx: Shards of Darkness

En las situaciones que no tengamos la opción de resguardarnos en la penumbra, nos las tendremos que ingeniar para meternos en barriles, armarios, mesas y baúles a modo de escondite y pasar desapercibidos de la constante vigilancia de los guardias que encontraremos a lo largo y ancho de los niveles.

Aunque como buen bicho rastrero, en el arsenal de Styx nos encontraremos con flechas para asesinar a distancia, jarrones de cristal que podemos lanzar a modo de señuelo para desviar la atención de los enemigos, ácido para desintegrar los cadáveres de nuestras víctimas o incluso escupir en el agua y envenenarla, entre otras poco honorables triquiñuelas.

Si aún con todas estas artimañas no logras pasar desapercibido, nuestro amigo verdoso posee varios poderes únicos como vomitar un clon y usarlo como más nos convenga o poder hacernos invisibles durante unos instantes. Según avanza el juego, necesitaremos mejorar estos poderes a cambio de puntos de experiencia, dando un aroma RPG al título pero sin llegar a profundizar mucho en este tipo de elementos roleros.

Necesitaremos mejorar estos poderes a cambio de puntos de experiencia dando un aroma RPG al título

El juego presume de poder pasártelo sin matar una mosca pero cuando un guardia te da la espalda, resulta demasiado tentador clavarle el machete en el cuello y borrar las pruebas de la escena del crimen sin que nadie se de cuenta. Además la IA de los guardias y enemigos resulta muy parecida durante toda la partida, de manera que pronto nos volvemos unos expertos en buscarle la espalda al personal.

Aparte de los objetivos principales, hay pequeñas misiones secundarias que podremos realizar sin que interfieran en la trama principal. Pero lo que realmente se lleva mucha importancia es el robo de objetos valiosos repartidos por el mapa, lo que nos obliga a explorar y salirnos del camino principal. En su mayoría son recursos enfocados al crafteo de elementos como pociones, flechas o capullos de clonación entre otras cosas.

Styx: Shards of Darkness tiene un mejorado diseño de niveles y los escenarios son notablemente verticales favoreciendo el plataformeo que vamos a vivir durante toda la aventura. Y es que la mayor parte del gameplay nos lo pasaremos trepando, saltando y colgandonos de cuerdas que sirven de unión entre las diferentes zonas de las pantallas.

El aspecto visual está trabajado, nos ofrece un modelado superior de Styx y escenarios atractivos. Los desarrolladores no han exprimido del todo el motor Unreal Engine 4 pero está compensado por un correcto trabajo a manos del equipo de arte que nos llevan de escenarios suburbiales decadentes, muy acordes con el personaje de Styx, a escenarios más elegantes.

Styx: Shards of Darkness no es para todos los públicos y aún queda la sensación de que puede ofrecer más en su propio género pero si te gusta escurrirte por las sombras, pegar saltos en amplios escenarios, robar a diestro y sieniestro y matar a sangre fría seguro que disfrutarás de las hazañas de este pícaro de orejas puntiagudas.

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